Por Josué Ortiz
Guadalajara, mejor conocida como la Perla de occidente, lugar de las tortas ahogadas, las mujeres bonitas, los mariachis, el tequila, pero sobre todo el futbol.
En 2004, tuve la dicha de conocer esa ciudad; mi estadía fue muy corta, tan sólo estuve un día, aunque debo decir que fue una visita muy significativa, pude observar su bonito centro por la noche y unas horas más tarde por la mañana, pude conocer el estadio Jalisco, aunque por fuera, y lo mejor el Omnilife, en construcción, y de paso me llevaron a Zapopan, a probar la clásica torta ahogada,toda una delicia culinaria.
Asimismo, pude constatar la pasión futbolera que se vive en esta zona; ahí tenemos los Leones Negros de la UdeG, los Estudiantes de la UAG, los Rojinegros del Atlas y las Chivas Rayadas, esto sin mencionar filiales.
Todos estos equipos transpiran tradición; sin embargo, Guadalajara y Atlas, a mi juicio son los más representativos, no sólo de esta región, sino que su fiereza supera fronteras, al conformar, uno de los clásicos más aguerridos del futbol mexicano.
Hoy, este par de equipos están en boca de todos. Atlas, (pese a la desaprobación de Manuel Baeza, director de esta honorable casa periodística, y fan número uno de los Rojinegros) fue comprado por TV Azteca.
Ahora, la televisora del Ajusco tendrá la dura misión, no sólo quitarles el ayuno copero a los Zorros, sino evitar a toda costa que desciendan de categoría.
Veremos si Salinas Pliego no perdió la barita mágica y puede hacer lo mismo que realizó Morelia, cuando lo adquirió y convertirlo, primero cubriendo los salarios de sus jugadores en tiempo y forma, segundo en un cuadro de respeto, y finalmente, porqué no pensar en un campeonato.
Continuemos con las Chivas, que nos despertaron con el anuncio del regreso del Güero Real y de Omar Bravo, ambos piezas fundamentales del último Guadalajara que medio funcionó.
La contratación de Real, un técnico que sentó las bases de las Fuerzas Básicas de Guadalajara, al igual de Westerhoff, le viene bien al Rebaño, ahora esperemos que la directiva rojiblanca cumpla su promesa de refuerzos, pero sobre todo de dejar trabajar a un técnico que peca de dócil, ante un jefe recio y voluble como Jorge Vergara.
Respecto a Bravo, creía que estaba muerto cuando regreso de Europa y jugó con Tigres, creía que estaba muerto cuando se enroló con Atlas, pero para mi desgracia nunca vi que su segundo nombre era Lázaro, (el que entendió, entendió) y ahora veremos si puede tomar un nuevo aire, y ser el hombre de experiencia que encabece al Chiverio.
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