martes, 5 de noviembre de 2013

El regreso al Pavimento

Por Josué Ortiz Vázquez

Tras unos meses de irregular actividad, en cuanto a correr se refiere, hace unos cinco días me puse mis tenis y regresé al pavimento para practicar uno de mis deportes favoritos.
Contrario a lo que sucedía antes, el correr se ha vuelto una actividad popular; ahora cada semana se está volviendo habitual ver un maratón, no sólo en Pachuca, sino en diversas partes de México, hecho que puedo constatar con las diferentes fotografías que mis amigos comparten en sus redes sociales, hecho que sin lugar a dudas, es para destacarse ya que no cualquiera tiene ese ímpetu para levantarse temprano, ponerse unos tenis y correr.
Con un tiempo promedio por kilómetro que ronda 4 minutos 35 segundos, en los últimos siete días, mi regreso no pudo ser mejor. Pensará usted que soy un presumido, y que soy una tortuga, en comparación con Geoffrey Mutai, (recién ganador del maratón de Nueva York) quien hizo el nada despreciable tiempo de 2 horas, 25 minutos y siete segundos, algo así como 3 minutos por 45 segundos por kilómetro a lo largo de 42 mil metros, pero no, se lo digo con ánimos de contarles un poco de este hecho trascendental de mi vida, que comparado con las reformas de Peña, es algo destacable.
Es lo bonito de esta actividad, en la cual puedes competir a lado de cientos, aunque con el único que realmente compites es contigo mismo, con tus miedos, con tus capacidades, con un reto de  probarse día a día en cada entrenamiento.
Así que para la hora en que usted, sí es uno de mis cuatro lectores de cabecera y, no se encontró este pérfido texto de pura chiripada, ya me estaré poniendo mis tenis, (si mis tobillos me lo permiten), para comenzar un nuevo entrenamiento.
El comercial
Aprovechando este espacio, no quiero dejar pasar la oportunidad para enviarle una felicitación anticipada a mi señor padre, quien cumple nada más y nada menos que 53 años, “ta chavo”.
Mis respetos para este maestrazo  que no sólo me dio la vida, sino que a lo largo de mis casi 30 años, siempre ha estado a mi lado, con una sonrisa consentidora, y también con una que otra jeta, pero siempre dándome una enseñanza para mejorar. ¡Te amo Padre!

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