martes, 27 de marzo de 2012

El Potrero, un mundo diferente III

Con el fin de 90 intensos minutos, los equipos se dirigen a sus bancas, o más correcto hacia la tribuna (si esta existe), orilla del campo o cualquier sitio donde hayan colocado sus cosas.

Tras las primeras palabras de aliento por el resultado o en su defecto las primeras miradas de enojo por parte del entrenador, no tarda en aparecer algún niño entusiasta, que a lo lejos, se puede ver su esfuerzo por balancearse, ante el peso que lleva en sus manos; el cartón de cheves.
 
Este cuadro que más bien es un rectángulo de 10 (si es medio), 20 o 24 cervezas (si lo trae completo) es colocado alrededor del equipo; y es sigilosamente comenzado a repartir entre los exhaustos jugadores.
Pocos son lo que se atreven a negarse a este refrescante privilegio; y los que lo hacen, se debe, en gran parte, a algún tipo de convenio que realizaron frente a su santo, virgen o creencia favorita, por sus anteriores excesos y parrandas; o definitivamente son los nuevos jugadores, los más jóvenes, los que aún se cuidan y aspiran a jugar en el circuito profesional.
Tras un par de cervezas, la discusión entre jugadores y cuerpo técnico, sobre lo que se debió realizar dentro del campo, sea cual sea el resultado, inicia.
 
Nunca falta quien empieza a arremeter contra el mal accionar del juez central, o por supuesto, el claro error que pudo haber inclinado la balanza, tanto para uno como para otro conjunto.
 
Otros temas importantes, y que no quedan al margen de la plática, son la buena actuación de este o de aquel jugador, o la manera que se contuvo el accionar, o lo pesado que fue el campo.
 
Al calor de los primeros cascos (envases) terminados, el ambiente tenso se disipa; las risas y las bromas hacen su aparición y todo es armonía dentro del grupo.
 
Uno a uno, comienzan a retirarse; algunos presionados por las llamadas de sus seres queridos (llámese novia o esposa, padres, madres e hijos); otros, porque no quieren continuar la parranda; no obstante, algunos entusiastas permanecen en pie de lucha y dejando ya el ánimo deportivo, comienzan a planear dónde comenzar la parranda.

martes, 20 de marzo de 2012

El Potrero, un mundo diferente II

Luego de 15 minutos de descanso, el árbitro hace sonar su silbato por lo que los jugadores de ambos equipos, ya rehidratados o hasta oxigenados (esto tras un buen cigarrito) regresan al campo de juego para continuar con el partido.
Rueda el balón y la parte complementaria inicia. En las bancas, ambos técnicos preparan las modificaciones, luego de que la clásica formación llanera que es un 4-4-2 o un 4-3-3, no rinde los frutos del gol.
Al ver esto, los jugadores de banca que van desde los clásicos chavales hasta los más veteranos, comienzan a realizar movimientos de calistenia, (bueno un par de estiramientos y unos cuantos sprints ).
Los minutos posteriores son los peores para un jugador que permanece gran parte en el banquillo, ya que las ansias por demostrar, o por lo menos de sudar los tacos de anoche o incluso sacar la cruda, están a todo lo que da.
Finalmente, el estratega con todo el poder que le confiere de ser el mandón del equipo, saca de su bolsillo, las credenciales y manda llamar a un par de jugadores y les dice por quién entran y lo que deben hacer; sin embargo, ante la falta de conocimientos teórico-técnicos, terminan por reemplazar posición por posición y ya ni digo del aporte, que siendo sólo entusiastas jugadores terminan por realizar prácticamente, la misma función de su antecesor.
Con el paso de los minutos, y pese a los cambios, el calor, combinado por el esfuerzo físico, cobra su primera víctima; un clásico tirón deja en el suelo a uno de los jugadores. De inmediato, el técnico que también funge como doctor del equipo saca la botella de agua mágica (que no es más que el simple vital líquido extraido de algún grifo de los alrededores); no obstante, tras arrojársela en la parte lastimada, aunado a un par de estiramientos, el jugador se levanta como si nada a continuar con el juego, mismo que tras 90 minutos o a veces hasta menos termina empatado.
Luego del silbatazo final; las emociones se desbordan y se puede escuchar desde las clásicas frases, "era para más", "dominamos el juego", "nos salvamos estuvieron encima de nosotros", "no mames la cagaste, estabas solito" y finalmente la más importante, "ya desquité, ahora unas cheves".
Y sin duda, no importando el resultado, creo que no hay momento más sagrado para el futbolista amateur que la hora de la cerveza, ya que este es el momento de la reflexión, y ver los aciertos y errores del partido... continuará.

martes, 13 de marzo de 2012

El Potero: un mundo diferente I

Lejos del mundo de la farándula y el espectáculo que puede ser toda una liga profesional de futbol, se encuentra el futbol amateur, denominado llanero.
Este espectáculo, sin igual, se realiza en un escenario de tierra, con pocos puntos verdes, que indican la presencia de pasto y que lejos de ayudar, complican más el control del esférico.
Con la atmosfera propicia lista, llegan los artistas protagónicos; veintidós personas que durante una semana juegan roles diferentes, como licenciados, ingenieros, obreros, albañiles entre otros oficios y profesiones, pero que a la hora del partido se transforman en todos unos aguerridos guerreros sobre el terreno de juego.
Como en toda obra dramática, también tenemos a los antagonistas, que al igual que los jugadores, profesan otras actividades durante la semana; no obstante, cuando se trata de futbol, se enfundan en un uniforme negro, y armados con un silbato y dos tarjetas de color rojo y amarilla, están listos para impartir justicia.
Todo está listo para el juego, el árbitro marca el inicio con un potente silbatazo en los dos extremos de la cancha. El partido comienza y homologando un partido de tenis, los balonazos en ambos lados de la cancha es el principal ritmo del partido, situación que termina cuando el habilidoso toma el balón y comienza a repartir el pan, es decir el juego.
Con la llegada de este personaje, la rudeza tiene que aparecer por medio de una fuerte patada que tiene por objeto nivelar el juego, asimismo, la mano del nazareno tiene hacerse sentir y la primera de muchas tarjetas sale del bolsillo de enfrente para pintar al truncajuegos.
Con la decisión del árbitro, el público local presente alrededor de la cancha manifiesta su inconformidad con gritos, que van desde vendido hasta la clásica mentada de madre, mismos que se transforman en aplausos y palabras de aliento cuando se marca a favor del cuadro de casa.
No podemos dejar de lado a los entrenadores, quienes manejan porte, estilo y palabra, combinados con un aire de sencillez y al mismo tiempo excentricidad, dentro del área técnica que la delimita, en muchas ocasiones , una línea mal trazada con algo similar a la cal.
Tras cuarenta y cinco minutos de juego, el primer tiempo culmina, acto que es bien visto por algunos jugadores, quienes dejan de manifiesto su falta de condición física. Continuará.

lunes, 5 de marzo de 2012

Con todo respeto

En los últimos meses o incluso se puede decir años, he recibido, un tanto, con desagrado la burla de mis amigos catalanes, esto apegado a mi realidad como seguidor del Real Madrid.
Se dice fácil lo que ha realizado el conjunto culé; iniciando desde su gran planteamiento técnico-táctico, aunado al gran juego de conjunto que han forjado desde la cantera que ningún equipo en el mundo podría realizar en este momento.
Tampoco podemos dejar el gran aporte de su técnico Joseph Guardiola, que si como jugador lo hacía bien, ahora como estratega se ha convertido en algo así como un semidios; conduciendo los hilos de un equipo que se podría, como diría el buen Carlos Miloc “hasta manejar por teléfono” y que ha ganado prácticamente todo, desde la liga española hasta el Mundial de Clubes, incluso las cascaritas afuera de la Masía.
Pero bueno, regresando al tema principal que son las burlas, es que muchas de ellas, llegan a través de compañeros y amigos que se desempeñan como periodistas, un tanto triste, ¿no lo creen?.
Muchas veces nos quejamos del comportamiento de los fanáticos (nótese que dije fanáticos, no espectadores), especialmente los que están integrados a las denominadas barras, quienes en su gran mayoría son violentos, un tanto incultos y que su principal motivo (según estudios) no es alentar a su equipo, sino encontrar una razón para soltar todas sus frustraciones; ahora ¿no se está haciendo lo mismo con sus burlas?.
La grandeza de un equipo se muestra en todos los aspectos, y dentro de mi pensamiento y educación, sobre todo deportiva, sé que lo más difícil es reconocer la grandeza de un rival que dentro de la competencia te superó.
En mi defensa, toda mi vida desde que tengo uso de razón y sobre todo a causa del buen Hugo Sánchez, he sido merengue y seguiré siéndolo; en comparación de muchos que a consecuencia de un fenómeno social (y no me refiero a Messi)  se unen a una causa que en unos años, pasará de la realidad, a los anales de la historia del futbol mundial.
Cabe hacer hincapié que el futbol, como dicen, es la cosa más importante de las menos importantes, por tanto, invitaría, sobre todo a mis amigos culés, a ser más correctos en el sentido estricto de lo que suceda en la cancha.