Hace unos días, jugué mi segundo partido de futbol en un año, en un minitorneo, que celebraba un aniversario más, de los amigos sindicalizados del Sol de Hidalgo, a quienes les mando un cordial saludo.
En el único encuentro que disputó mi equipo, liderado por el compañero Gerardo Campa, ante los anfitriones, y futuros campeones, todo iba saliendo de maravilla en los primeros cuartos (olvidé decirles que fue futbol rápido) y con tres goles de su servidor, sin ánimos de alardear, llevábamos una cómoda ventaja.
No obstante, para no variar, me dejé llevar por la calentura del momento, y olvidé las tantas veces que mis entrenadores, incluido mi padre, me dijeron “cabeza fría, corazón caliente” y terminé por ser expulsado, dejando en una clara desventaja a mis compañeros, quienes no tenían cambios, ante los anfitriones que traían a dos equipos y una nena que por todo lloraba (pero esa, es otro historia), y terminamos por perder cinco goles a tres.
Los psicólogos deportivos recomiendan salir al campo con la “cabeza fría”; sin embargo, como dice Juan Villoro, en su libro Dios es Redondo, “es difícil no ser violento, con la sangre caliente”.
Sin embargo, ahí es cuando entra la mente del deportista, para recordar que mantener la calma, ante la adversidad, la desesperación, y las vejaciones de todo tipo, debe de ser no sólo una obligación, sino parte esencial de su preparación.
Ahí tenemos el ejemplo de Sebastian Vettel,piloto alemán , quien recientemente se coronó tetracampeón de la Fórmula 1. ¿Se imaginan el esfuerzo que tiene que mantener en su monoplaza, a lo largo de no sólo una carrera, sino una temporada, para poder permanecer en lo alto de una exigente competición, como es la gran carpa?.
Otro ejemplo es Joe Flacco, quien completó dos tercios de sus pases en el pasado Superbowl para llevar a los Cuervos de Baltimore al campeonato , ante la presión de más de 108 millones de personas que lo observaron alrededor del mundo, aunado a los 70 mil espectadores que abarrotaron el Mercedes-Benz Superdome.
En unas horas, la selección mexicana de futbol que dirige el Piojo Herrera, disputará su pase al Mundial, en el lejano territorio neozelandés, en donde los seleccionados tendrán que olvidar el muy mexicano “síndrome del Jamaicón”, jugar con su cómoda ventaja de cuatro goles, ante 35 mil kiwis ávidos de su tercera copa del Mundo, pero sobre todo manteniendo la cabeza fría. ¿Lo lograrán o serán otra mal ejemplo en el mundo del deporte?.
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