Josué Ortiz
Primer acto:
Adolfo Bautista quedó marginado de Gallos de Querétaro, debido a que se encontraba fuera de forma, según Ulises Zurita, presidente del conjunto queretano.
Segundo acto:
El Bofo argumenta que está en buen estado y que la razón primordial para cortarlo fue para traer a Carlos Bueno.
Tercer acto:
En la comisión de jugador no dicen nada, y prefieren hacerse de la vista gorda sobre el problema en cuestión.
¿Cómo se llamó la obra?
Nunca digas de esa agua no beberé
La primera imagen que se me viene a la mente cuando recuerdo a Adolfo Bautista es jugando con Tecos. Su peculiar cráneo rasurado y su rara postura, combinado con un buen estilo de futbol sus principales características.
Posteriormente en Chivas, lo recuerdo siendo campeón junto a Oswaldo Sánchez, Carlos Salcido, Héctor Reynoso, entre otros. Nunca olvidaré ese gran juego de Libertadores ante Boca Juniors, realizado en la bombonera, en el cual, la impotencia de los sudamericanos fue reflejada en el escupitajo de Jorge Benítez, en ese momento técnico xeneise.
Otro buen momento de Bautista fue la buena actuación durante la final entre Pachuca y Tigres en el Apertura 2003, al contribuir con un gol y provocar un penal.
Apuesto que en esos momentos, también se realizaban actos de injusticia con otros futbolistas, pero Bautista, en su estatus de estrella, los pasaba por alto, ya que ante su pensamiento nublado, nunca imaginó pasar por esa situación.
Ahora vemos a un Bofo Bautista de 33 años, en el ocaso de una carrera misma que pudo haber sido brillante; no obstante, está terminando, en medio de la polémica y sollozando a los medios por justicia.
Debe ser triste o más bien desesperante estar del otro lado de la moneda, y más cuando en su momento fuiste un referente y ahora buscas acomodo en alguna banca de algún equipo mediano o chico, mientras la gente olvida tu nombre y se forman nuevo ídolos de porcelana.
El caso de Bautista es un ejemplo más de la poca unión del gremio futbolístico, quienes mientras se encuentren bien, y llámese bien, cobrar un buen salario, dejan manejarse a diestra y siniestra por los proxenetas dueños del balón. Pero cuando dejan de ser redituables es cuando empiezan a ver su terrible realidad.
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