Por Josué Ortiz Vázquez
Tras unas largas vacaciones, y para beneplácito de mis cuatro lectores, me encuentro de regreso en esta su columna favorita, El Palenque.
Pese a traer buena actitud, debo confesar que mi regreso no ha sido fácil, ya que traigo un zumbido en la cabeza, que ni me deja escuchar bien, y me incómoda demasiado; no obstante, desde temprana hora ya me preparaba para salir a la redacción, cuando viendo el Matutino Express dan la noticia que Carlos la diva Vela dio otro rotundo no, al Tri, y a la comitiva Herrera and Friends.
Debo confesar que la decisión me tomó un tanto por sorpresa, al igual que muchos, juraba que la novela de Vela iba a terminar como cual melodrama de Televisa,escrito por Luis de Llano, con el sí rotundo, tras todo el mar de tempestades que se desataron durante el ciclo mundialista.
Con el paso de los minutos continuaba con los últimos preparativos para llegar a la redacción del cinco veces heroico Criterio, mientras pensaba en la decisión del futbolista de descartar su asistencia a la justa deportiva más importante de ese deporte, sin llegar a concretar una idea.
Luego de un viaje agónico, en colectiva (algunos me entenderán) llegué a la redacción, y me percaté de un comunicado del mismísimo Bombardero, en donde intenta explicar sus motivos, dentro de los cuales, destacó su sinceridad de no haberse ganado con argumentos en la cancha su convocatoria al Tri.
Así, mis queridos hermanos (con tono eclesiástico) Vela, como Pedro negó a Jesús, volvió a mostrar su negativa a vestir la verde, y con ello desató el furor de los aficionados quienes se manifestaron, vía redes sociales, al grado de convertir al jugador en un trending topic, en donde muchos daban su apoyo, y otros no lo bajaban de vendepatrias.
En mi humilde opinión, Vela es un buen jugador, pero hasta ahí, no creo que México tenga más, ni menos oportunidades de trascender en el Mundial, jugando con el quintanarroense.
Un claro ejemplo es que el jugador no sabe jugar con presión, y eso lo demostró durante su estancia en el Arsenal, donde nunca logró ganarse un puesto ante los reflectores que apuntalaban como un crack; ahora en la Real Sociedad, y sin demeritar al equipo, se mantiene firme, ya que la exigencia es menor, y puede moverse cómodamente, sin el acoso del periodista, o de un público, que conoce las limitantes de su equipo, y que se consuela con un par de pinceladas de un jugador, sin darle mucha importancia al resultado.
Con base en esto, se imaginan con lo que hubiera tenido que lidiar sí decía que si… ahí se las dejo.
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