Rabietas, declaraciones abiertas, promesas cumplidas, selección, buen futbol, pasión, campeonatos, miles de memes, etcétera, son algunas de las cosas que calificarían a Miguel Herrera, durante su gestión como técnico de las Águilas del América.
Herrera logró despejar todos los cuestionamientos que rodeaban su llegada al conjunto de Coapa, reformando un grupo roto, y reforzándolo con jugadores como Rubens Sambueza, Luis Gabriel Rey, Osvaldo Martínez, quienes eran considerados como cartuchos quemados; sin embargo fueron parte esencial para mantener a un América en los primeros planos.
El Piojo, pese a que cambió el peinado de Buki y el estilo urbano, por los trajes y las corbatas de marca, nunca perdió su sello de barrio, ni en el área técnica, ni fuera de ella, y prueba de ello eran sus peculiares declaraciones, fuertes y recriminadas, como las que realizó al término de la final, al reportero Luis Castillo de TVC Deportes como un reflejo de la impotencia de un hombre temperamental herido.
Curiosamente, el último que hizo cimbrar a la afición americanista fue Cuauhtémoc Blanco, un individuo con características similares a las de Herrera; ambos genios y figuras, que contrastan con la identidad de un club “burgués” como América.
Quizá esos contrastes, esas marcas características fueron las claves de la comunión de Herrera con la afición más odiada de México, y que lo elevaron como el nuevo ídolo de la estirpe americanista, basta ver la ovación y el apoyo al término de la final, que la afición águila brindó al técnico y su equipo pese a la humillante derrota en el Azteca, a manos de León.
El americanismo hoy está más vivo que nunca, pero sobre todo tiene un nuevo ídolo de nombre Miguel Herrera.
Mucho que arreglar
Ayer, en un acto de mucho fiu, fiu, y más bla, bla, Tv Azteca, a manos de su dueño, Carlos Salinas Pliego recibió la batuta del Atlas de Guadalajara, en donde no cabe duda que sale a relucir que todo está mal.
La directiva rojinegra tuvo la puntada de darle una bandera al Salinas Pliego con los colores de la organización tapatía al revés, algo que no dejaron pasar los presentes y sobre todo los aficionados, quienes externaron su molestia, a través de las redes sociales.
No cabe duda, que Salinas Pliego tiene que poner en orden la casa, que los antiguos dueños dejaron hecha trisas, imagínense sí la bandera estaba mal, como estarán las cosas en lo futbolístico, administrativo, pero sobre todo económicamente.
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