Por: Josué Ortiz
“El futbol es un deporte tan noble, que se deja manejar por cualquier escoria”, un pequeño pensamiento que se me ocurrió mientras tomaba una ducha, ayer por la mañana.
Esto, en referencia al otro lado de la Copa Confederaciones que se disputa en tierras amazónicas en estas fechas, y que ha registrado una serie de manifestaciones, en Sao Paulo, Rio de Janeiro, entre otras ciudades, por un gran sector de la población local, a causa, principalmente del aumento de las tarifas del transporte público, los costos que dejará la Copa Confederaciones, y los del próximo Mundial 2014, mismos que han sido controlados con base en la fuerza y los abusos policiacos.
Ante los ojos del mundo, Brasil es considerado una de las potencias económicas emergentes, que en los últimos años ha crecido, con base, principalmente en su apertura de Petrobras (empresa petrolera) y que en el continente americano se ha vuelto todo un ejemplo, incluso para México que intenta copiar en parte su proyecto.
Sin embargo, como pasa en gran parte de los países latinoamericanos, la ciudadanía no se traga ese reflejo y además de los puntos antes mencionados, siente una frustración generalizada sobre la alta carga impositiva, la percepción de que los políticos son corruptos y así como el deficiente sistema de educación y salud, hechos que pudieron haber sido tratados o mejorados con el dinero de la Copa Confederaciones o mejor aún con los más de 15 mil millones de dólares que se gastarán en la realización de un Mundial que en el papel estaría lleno de fiesta y mucha samba, aunque en lamentablemente me aventuro a pensar que estará marcado por el descontento de un país, lleo de gente trabajadora, amistosa y alegre.
Sin duda, el Mundial es una fiesta global, un banquete para el amante de la disciplina, para el turista y por qué no hasta para el fiestero que busca una buena razón para parrandear; sin embargo, es comprensible el enojo de una población en un país donde la brecha entre ricos y pobres es muy marcada, y donde la pasión al futbol, y al jogo bonito, es comparable con el amor a una religión.
Es cuando me pregunto, ¿cuándo este deporte se volvió tan vil? La respuesta es nunca. Los miserables son esos bestias esos políticos,dirigentes, e incluso hasta reporteros que ven al futbol como un simple negocio más.
Dedico estas líneas a mis amigos brasileños, en especial a Carlos Faria, quien por lo visto se mantiene en pie de lucha, ¡Venga mi hermano!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario