martes, 13 de agosto de 2013
Medalla de oro; presea de chocolate
Hace un año, México logró su primera medalla de oro, en unos Juegos Olímpicos, en futbol, nada más y nada menos que ante Brasil, en el sagrado campo de Wembley.
Muchos paleros, (perdón comentaristas)se habrían subido al barquito de la victoria y, no faltó quien haya declarado al Tri como una potencia del deporte de las patadas (sin insultar al Tae Kwon Do, que ahí, sí somos buenos).
No obstante, como se dice en el argot, no se puede vivir del pasado, hay que seguir cosechando triunfos; replanteando objetivos, valorando las capacidades, afinando un estilo, en fin, muchos de esos terminos que afinan los puristas en la materia.
Hecho que el seleccionado nacional parece que dejó a un lado, ya que a partir de esa fecha, una serie de tropiezos ha venido azotando al combinado mexicano, comandado por Chepo de la Torre.
De lo sublime a lo ridículo, de ganarle a selecciones como Brasil, Inglaterra, recuperar el respeto en la zona, México ha sido puesto en su lugar en la Confederaciones, por selecciones realmente poderosas como Italia o la misma selecciòn amazónica; en la Copa Oro por selecciones, en el papel inferiores, como Panamá e incluso en la eliminatoria estamos colgando de un hilo, y a expensas de Honduras, que llámenme conservador pero ¿de cuándo acá, nos preocupamos por un rival del área y más si somos locales?, sin duda, es el colmo.
Lastimosamente, y como lo leyó (en referencia a mis cuatro lectores) en una columna anterior, mientras el dinero siga fluyendo, “nadie la hará de jamón”, y esa velita se mantendrá prendida siempre y cuando, no se haga un papelón contra la selección catracha y quedemos con un pie fuera del hoyo, y otro en una cáscara de bananá.
Pero no se preocupe, amado lector, para evitar toda una catástrofe de proporciones bíblicas, Chepo de la Torre ha recurrido a la generación dorada, si a esos chavos que se han forjado mediante el establecimiento de un sistema en el futbol mexicano, si a ese par de sencillitos que pusieron a Pachuca en el mapa, y me refiero a la dupla mexicoargentina; Damián Álvarez y Christian el Chaco Giménez.
Sin ser xenófobo, es decir odio a los extranjeros, reconozco que este par de muchachones de 32 años, son unos grandes jugadores, al grado que a uno lo compararon en su momento con Pablo Aimar y el otro hasta estuvo convocado en la pasada eliminatoria mundialista.
A un año de la medalla Olímpica, seguimos escuchando los mismos pretextos, las mismas mentiras, las misma cantaleta, seguimos siendo los mismos ratones verdes.
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